P*D el Caza desertores: El servicio Militar en corea del sur, un castigo obligatorio

“Una nación que gasta más dinero en armamento militar que en programas sociales se acerca a la muerte espiritual”.- Martin Luther King-





Hablemos sobre la guerra, donde quiera que esta ocurra a todos nos ha tocado de alguna forma u otra, quizás por lo que nos cuentan nuestros abuelos o algunos porque nacimos en un país en guerra y nos ha tocado de primera mano. Le daremos una mirada a las consecuencias y las grietas profundas que sufren las sociedades por causa de la guerra a través de D*P El caza desertores.


El tío Netflix viene apostándole a la compra de las producciones coreanas que se estrenan en las cadenas de TV nacional y subiéndolas a la plataforma poco después de su emisión, sin embargo con las series originales la estrategia es distinta, hablando de reclutas, Netflix también recluta talentosos creadores para hacer mini series cortas con historias distintas muy fuera de lo habitual, ese el caso de series como Kingdom y Sweet Home. D*P El caza Desertores es otro ejemplo de esta estrategia, esta serie muy seguramente no habría visto la luz si Netflix no hubiera proporcionado una fuente de financiación independiente del establecimiento empresarial de Corea del Sur, cuya cultura corporativa a menudo hace eco de la cultura militar. ¿Por qué? Porque precisamente D*P trae a la escena, de una manera muy cruda y crítica, las vivencias de los hombres surcoreanos durante su servicio militar obligatorio. D*P nos muestra como los abusos y el bullyng son amos y señores de los batallones militares surcoreanos en todas las unidades de las fuerzas armadas del país y de cómo esto es una de las duras consecuencias de la Guerra en la que en teoría aún se encuentra el país asiático.





D*P es una serie basada en un Webtoon llamado D*P Dog Day del autor Kim Bo-tong, allí conocemos a Ahn Joon-ho un joven que acaba de entrar a cumplir con su servicio militar y casi de inmediato es asignado como soldado D*P que es una división especial encargada de perseguir y atrapar a los desertores del ejército. A través de esta labor Joon-hoo no solo tienen el privilegio de pasar la mayor parte de su tiempo fuera del batallón, evadiendo así los duros tratos de sus superiores, sino que comienza a conocer con cada caso lo más perverso de las prácticas militares. Esta serie consta de seis intensos capítulos y está protagonizada por Jung Hae In que es un actor de ligas fuertes conocido por sus impecables trabajos en “While you were sleeping” y “Prision playbook”. Es un actor que se destaca por hacer papeles alejados del estereotipo de galán de Drama a pesar de que su aspecto físico da para eso de lejos. Esta serie ha sido otro gran acierto del actor y gracias a eso justo ahora ha sido convocado por el polémico y legendario director japonés Takashi Miike para protagonizar su primer k-drama “Connect”.




El servicio militar existe en Corea del sur desde 1957 y exige que todo ciudadano varón entre los 18 y los 28 años realice dos años de servicio obligatorio, las mujeres no están obligadas a prestar este servicio, pero pueden enlistarse voluntariamente. La base de esto está consignada en la constitución de la república de Corea promulgada el 17 de julio de 1948 que dice: “Todos los ciudadanos tendrán el deber de defensa nacional bajo las condiciones como se prescribe en la ley”. Luego aparece la ley militar implementada en 1957 que rige hasta hoy dónde todos los hombres de 18 años en adelante deben presentarse a cumplir con su deber constitucional.


Hay más de un centenar de países donde el servicio militar es obligatorio por eso mismo las normas internacionales de derechos humanos plantean que en los estados donde el servicio militar es obligatorio se deben proporcionar alternativas civiles, es decir, servicio comunitario o servicio administrativo, que tengan la misma duración que el servicio militar para aquellos que soliciten objeción de conciencia por razones religiosas, políticas o éticas. Sin embargo, en Corea del sur hasta ahora no existe ese derecho e incluso hay más de 500 ciudadanos encarcelados por haber rechazado el servicio militar por razones religiosas o políticas.

Actualmente los controles de Reclutamiento estipulan que a los atletas que hayan ganado medallas olímpicas, como el nadador Park Tae-Hwan o artistas destacados que hayan ganado premios como el pianista Seong Jincho son exentos del servicio militar o se les conceden extensiones especiales. Incluso el gobierno estudia la posibilidad de que esto incluya a los idols destacados comenzando por BTS. Entonces los hombres talentosos se esfuerzan por ganar premios para ser eximidos, por ejemplo, la derrota de Corea del Sur en el duelo contra México en el mundial de Rusia del 2018 finalizó con el llanto de los jugadores incluyendo una de las figuras más destacadas Son Heung Min porque perdieron la oportunidad de evitar el servicio militar.


Los jóvenes coreanos hacen todo tipo de cosas para evadir lo que muchos llaman “el castigo obligatorio” por ejemplo: doce estudiantes de música se hartaron de proteína en polvo antes de su examen médico para ser declarados demasiado pesados para el servicio o algunos incluso se sometieron a cirugías innecesarias o se rompieron ellos mismos los huesos para lograr evadir el servicio así fuera por corto tiempo nada más. El servicio Militar es muy impopular, la mayoría lo considera como años perdidos, pero no solo eso una de las razones para querer evitarlo, sino que también los abusos y las violaciones a los derechos humanos que allí se cometen, han sido un factor por el cual los coreanos quieren evitarlo a toda costa. Este es un problema muy serio: el veinticinco por ciento de los soldados surcoreanos dicen sufrir de depresión debido a los abusos y al aislamiento que afrontan en los cuarteles. Un diecisiete por ciento aseguró padecer algún tipo de desorden obsesivo compulsivo, esto según una investigación realizada por la Facultad de Enfermería de la Universidad Nacional de Seúl.



Pero ustedes se preguntarán ¿por qué un país como Corea del sur que es la meca del K-pop y los K-dramas, un país moderno y una potencia mundial parece que en ciertos aspectos aún está detenido en el tiempo? Bueno, pues Lim Tae-hoon, director del centro de derechos humanos militares de Corea ( CMHRK) le da respuesta a esta pregunta explicando que la guerra de Corea y su legado todavía están muy presentes en la cultura militar del sur –“la guerra de Corea comenzó un Domingo y muchos soldados del sur estaban fuera de la base cuando los tanques del norte cruzaron el paralelo 38, el resultado fue traumático” -dijo Lim en una entrevista con la AFP.

Aún hoy en día los soldados están confinados en sus bases todo el tiempo existe una regla que no permite que más del 25% de las tropas tomen vacaciones al mismo tiempo. Significa que los periodos de tiempo en que los reclutas están confinados son largos y esto ha contribuido al maltrato y la intimidación. Se cree que unos 60,000 reclutas surcoreanos murieron desde 1953 por diversas causas entre ellas el suicidio, lo accidentes con armas de fuego y las negligencias medicas entre otras pero lo irónico es que ninguno de ellos murió en el campo de batalla, porque no hay campo de batalla desde entonces hasta hoy, sin embargo, para el país asiático, Corea del Norte sigue siendo una amenaza latente y en la teoría los dos países siguen en guerra ya que aun no se ha firmado la paz y no se sabe esto cuando sucederá.


El acoso y el bullying no se limitan solo a las fuerzas armadas y es justo aquí donde podemos entender la secuela que dejó la guerra en un país que se modernizó bajo la brutalidad del colonialismo japonés y que luego tuvo que librar una cruda guerra contra el norte desde 1950 hasta 1953. Después de esto Corea del sur experimentó un desarrollo económico en extremo acelerado bajo liderazgos autoritarios. El resultado de estos acontecimientos en la historia coreana es una sociedad en la que se inculca la ultra-competitividad y se tolera la agresión. Sin ir más lejos era bien sabido que Chung Ju-Yung, el fundador del grupo Hyundai, solía arrojar ceniceros a sus ejecutivos durante sus rabietas cuando perdía la paciencia. Se sabe que muchos conglomerados coreanos se destacan por sus culturas militaristas. Si bien es cierto que el problema de violencia laboral ha mejorado en los últimos años aún se presentan casos constantes de maltrato y abuso por ejemplo el portal de empleo Saramin realizó una encuesta en la que el 9,7% de los encuestados dijo haber sufrido abuso físico en su lugar de trabajo incluidos pellizcos, empujones y hasta bofetadas o golpes con suministros de oficina etc y más del 60% de estos abusos eran propinados por los gerentes o personas de altos rangos.

En corea del sur la intimidación y el abuso se presentan en la vida de los coreanos bastante temprano, la intimidación es endémica en las escuelas también y es que culturalmente los coreanos viven su cotidianidad en un orden jerárquico permanente, en cada oficina, en cada reunión social hay una jerarquía a respetar ya sea oficial o no. En conclusión la sociedad coreana tiene asimilada en lo mas profundo la cultura de jerarquías y eso hace que en gran parte estas prácticas de abuso y maltrato se normalicen en casi todos los ambientes sociales. D*P es una serie especialmente incisiva y cruda en la exposición de los abusos y violaciones a los derechos humanos que ocurren en los batallones del ejército. La serie hace una brutal crítica a la absurda excusa de la ley del más fuerte llevándose por delante muchas vidas en el camino, no todos los reclutas están preparados para soportar los abusos físicos y verbales a los que son sometidos por los matones de cada unidad.

Este es un drama de personaje sobre dos soldados adscritos a la unidad de búsqueda y captura de desertores, que en inglés recibe el nombre de ‘Deserter Pursuit’ cuyo acrónimo es el título oficial del original coreano D*P. Esta magnífica serie no es una versión que exalta las virtudes del ejército surcoreano, como si lo es Descendants of the Sun por ejemplo, D*P no duda en mostrarnos todo tipo de prácticas humillantes y vejatorias que acaban siendo la razón para la deserción de muchos soldados, de ahí que empaticemos más fácil con los perseguidos que con los perseguidores.

Ah Joon-hoo es un soldado callado y tranquilo que acaba de incorporarse al servicio militar obligatorio, él acaba siendo captado por el sargento responsable de la unidad de la policía militar que persigue a los desertores al considerar que su inteligencia, dotes de observación y su tranquilidad le pueden dar las habilidades de capturar a los desertores camuflándose como civil. A nuestro protagonista, tras una pésima experiencia con su primer compañero, le asignan finalmente al cabo Han Ho-Yul, interpretado por el actor Koo Kyo-Hwan este personaje detrás de una fachada despreocupada acaba convirtiéndose en el mentor y guía de Joon-hoo en ese trabajo ingrato y triste de buscar y detener desertores del ejército.


Cada episodio es una misión, pero no desde el punto de vista básico del procedimiento de recuperar a los reclutas, sino que al intentar entender las motivaciones que han llevado a los soldados a desertar se van descubriendo todo tipo de comportamientos completamente reprobables y abusivos de los compañeros del desertor, que pueden tener consecuencias mucho más profundas que la simple captura del fugitivo. Vamos conociendo a medida que avanza la trama las problemáticas de los desertores y sus matices, nada es tan simple como si lo quieren hacer ver los superiores del ejército, no se trata solo de los evasores del deber, detrás de ellos hay historias muy humanas y conmovedoras, que nos despiertan una profunda empatía llevándonos en una loca carrera donde acompañaremos y sufriremos con estos jóvenes durante seis fascinantes capítulos.


En esta serie la cadena de mando del ejército tampoco sale muy bien parada a excepción del superior inmediato de nuestro protagonistas el sargento Park interpretado por Kim Sung Kyun, que intenta proteger a sus casa desertores de los enredos de los oficiales y generales al mando de la unidad. Lo más desagradable de la cadena de mando tiene su mayor exponente en el capitán Im Ji-Sup un graduado de la academia militar y que ha sido trasladado a policía militar algo que para él es degradante por eso trata a todo el mundo con desdén y no solo eso, sino que es un monumento a la inutilidad y a la complacencia con tal de salir de allí lo antes posible.


Esta serie podría ser la versión coreana de Full Metalk Jacket de Stanley Kubrick estrenada en 1987 que es una apuesta fílmica bélica que al contrario de mostrar lo heroico de los combatientes americanos se plantea una mirada donde expone las debilidades y realidades de quienes tuvieron que ir a matar por una guerra que no comprenden. La presión psicológica y el trabajo físico pesado es lo primero que se encuentran los reclutas y esto los marca para siempre: “su religión es la guerra, a quien se le reza es al fusil, quien también es su obsesión sexual. No se permite decir “no” a los deberes, no se permite ser débil físicamente, no se permite cometer errores, los hombres que matan “comunistas” no tienen miedo y hay que aceptar que morir por la causa de la guerra es un orgullo dice el sargento Harmant en la primera parte de la película, de igual forma D*P se ubica en el lado humano de los reclutas que son obligados a prestar un servicio militar obligatorio por una guerra caduca, en el peor de los casos a costa de sus propias vidas.



D*P es una mirada al espejo y un llamado a la reflexión sobre las secuelas que ha dejado en una sociedad entera la guerra y la violencia vividas a lo largo de su historia y quizás ya va siendo hora de replantearse si la cultura militarista y de jerarquías es la única manera de hacer fuertes a los individuos, en una sociedad hostil donde no tienen más opción que adaptarse a esto para sobrevivir. En sociedades donde el abuso y el maltrato están normalizados, ocurre un ciclo sin fin, donde la violencia deriva en más violencia y se hereda de generación en generación por eso hay que darle aplausos al tío Netflix con esta atrevida apuesta que invita a un país entero a mirarse a sí mismo y comenzar a atacar la verdadera raíz de sus problemas.



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